Por Francisco Capella
Los sujetos éticos son los protagonistas de la ética, los agentes a quienes se refieren las normas éticas, los afectados directamente por las reglas, quienes deben cumplirlas y a quienes pueden exigirse responsabilidades por su incumplimiento.
Los sujetos éticos son las personas, los seres humanos plenamente desarrollados con una mente normal capaz de controlar sus acciones, de sentir, preferir, valorar, razonar con lógica, argumentar, comunicarse, negociar, alcanzar acuerdos, reclamar y ofrecer explicaciones, asumir responsabilidades y exigir derechos.
Las normas éticas regulan las relaciones entre los sujetos éticos pero también necesitan referirse, como una categoría distinta, a las entidades reales que no son sujetos éticos, el resto de los seres vivos no humanos y objetos inanimados. La distinción es crucial porque las normas éticas protegen de forma exclusiva a los sujetos éticos para permitir su desarrollo mediante la utilización de todas las demás cosas.
La ética es una herramienta intelectual evolutiva de desarrollo y supervivencia para los humanos y por los humanos. La ética humana defiende los intereses humanos. No es inteligente poner obstáculos al propio desarrollo. No pueden ser adecuadas aquellas normas que dificulten o impidan el progreso de la especie humana y favorezcan al resto de entidades: si provocaran su extinción las mismas normas dejarían de tener sentido. Cualquier ser vivo que supedita su existencia a los intereses de otros competidores a cambio de nada está condenado a la extinción. Los seres humanos dependen para su subsistencia de los demás seres vivos, defender los intereses humanos no implica destruir la naturaleza.
Un concepto fundamental en ética es la sensibilidad, la facultad de percibir lo que es beneficioso o perjudicial para cada organismo vivo. Todos los seres vivos son sensibles en algún grado. Pero aunque es un requisito necesario no es suficiente: también hace falta inteligencia y lenguaje, no tiene sentido considerar sujeto de normas éticas a entidades que no pueden comprenderlas, es imposible intentar explicárselas o exigirles su cumplimiento. La sensibilidad es especialmente desarrollada en el reino animal. Aunque muchos animales sociales son capaces de comunicarse, su lenguaje es muy básico y su capacidad de formar y manipular conceptos abstractos es insuficiente para asumir una ética.
La ética es antropocéntrica, coloca al ser humano en una categoría especial y separada del resto de entidades. Pero no se trata de que la ética privilegie a los seres humanos solamente porque son ellos mismos quienes la inventan. La ética no se inventa de forma arbitraria sino que se descubre al reflexionar sobre la naturaleza humana y las relaciones sociales. La especie humana es peculiar por su inteligencia y su capacidad de comunicación. Las normas éticas se construyen y comprueban de forma argumentativa y se expresan y comunican mediante el lenguaje. Los sujetos éticos deben ser capaces de razonar y de comunicar ideas éticas abstractas. Los seres humanos son las únicas entidades conocidas capaces de razonar y de comunicarse con la complejidad suficiente como para comprender las normas éticas, explicarlas, discutirlas, cumplirlas y exigir su cumplimiento a otros.
El origen evolutivo de la ética son las morales particulares de diversos grupos de seres humanos que luchan por sobrevivir y prosperar. Estos grupos se dotan de forma espontánea de normas sociales en las que los miembros del grupo son sistemáticamente privilegiados frente a los no miembros, quienes a menudo son considerados enemigos. Los grupos humanos prosperan más cuando pueden cooperar en lugar de competir de forma violenta y destructiva. La ética es la moral universal que considera que el grupo es toda la especie humana.
Una ética parahumana es aquella que considera que pueden existir personas, con capacidad de control y argumentación racional, que no son seres humanos, como seres vivos no humanos avanzados, terrestres o extraterrestres, o inteligencias artificiales. Los seres humanos son los sujetos de la ética no por pertenecer a la especie humana, sino por su capacidad intelectual y lingüística. Actualmente la especie humana es la única que tiene la capacidad intelectual y lingüística imprescindible para utilizar las herramientas éticas, pero si otras especies terrestres evolucionaran y pudieran razonar y comunicarse con la especie humana, entonces sí cumplirían los requisitos para ser admitidos como sujetos éticos y cooperar con ellos en lugar de utilizarlos. Otras inteligencias extraterrestres o tal vez inteligencias artificiales también podrían ser sujetos éticos. Si los humanos se negaran a aceptar en su misma categoría ética a otras inteligencias equivalentes ya no podrían pretender que el fundamento de la ética es la argumentación y la comunicación, y las normas humanas serían solamente morales particulares que privilegian a unos contra otros y se imponen por la fuerza.
Si una especie no humana tuviera la capacidad intelectual de entender la ética probablemente también tendría la capacidad tecnológica como para ser enemigos temibles, no se dejarían esclavizar y si fueran más fuertes podrían por el contrario considerar inferiores a los seres humanos y utilizarlos en su beneficio. Tal vez en el futuro los humanos se enfrenten al dilema de qué hacer con una nueva especie que podría entender la ética pero que aún no se ha desarrollado lo suficiente como para ser una amenaza para la especie humana.
La categoría definida por el concepto de ser humano no es un conjunto estático y de límites drásticos definidos con absoluta claridad. Diversas concepciones de lo humano son posibles, y la concepción que se acepte como premisa o punto de partida tiene importantes repercusiones para las normas éticas. El ser humano tiene un desarrollo físico, biológico y psicológico desde la constitución del cigoto hasta la muerte del organismo. Las personas no son eternas, cada individuo tiene una existencia contingente en el tiempo, con comienzo y fin más o menos graduales.
Si la ética se fundamenta en la inteligencia y la argumentación racional, entonces una concepción de lo humano basada exclusivamente en lo biológico (células con un genoma humano) no es adecuada. El sujeto ético pleno es la persona, el organismo perteneciente a la especie humana que ha alcanzado su desarrollo mental adulto. Pero una persona no surge en un instante, justo antes no había nada y justo después ya está todo. Un ser humano surge de forma gradual mediante un largo y complejo proceso de desarrollo desde la célula inicial hasta el adulto.
La persona puede desaparecer bruscamente de forma definitiva si el organismo sufre una muerte rápida, pero también puede desvanecerse gradualmente como en los casos de las enfermedades mentales degenerativas. En algunas situaciones la vida biológica continúa pero la actividad mental se ve gravemente alterada, de forma transitoria o definitiva, como en las locuras, las enajenaciones transitorias o el coma.
Publicado originalmente en Inteligencia y Libertad (España)