Investigadores del Laboratorio de Estudios Cristalográficos describen un proceso de formación de estructuras minerales semejantes a las que se dan en seres vivos.
Una de las muchas incógnitas por resolver dentro del ámbito científico es cómo los organismos vivos son capaces de fabricar sus propios esqueletos. Expertos del Laboratorio de Estudios Cristalográficos (LEC), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Granada, arrojan luz sobre esta complicada cuestión en su estudio Morfogénesis de materiales nanocristalinos autoensamblados de carbonato de bario y sílice, que publica hoy la prestigiosa revista científica Science. Los autores son Juan Manuel García Ruiz (primer firmante) y Emilio Melero García.
Los tejidos óseos y los caparazones "se componen de miles de pequeños cristalitos que generan estructuras con superficies curvas y suaves -explica García Ruiz-, formas que siempre se habían asociado a la vida", pero aún no se conoce mediante qué mecanismo se desarrollan. El investigador del LEC compara este proceso con la fabricación de las figuras de Swarovsky de cristal bohemio, "en las que si se quieren conseguir formas curvas sólo hay que poner un molde con forma de coche o de cuerpo humano, por ejemplo, y pegar sobre él miles de cristales". El resultado es el mismo que el de un biomineral, pero los organismos vivos no tienen plantillas: autoensamblan los cristales y generan sus propias formas sin elementos artificiales.
El trabajo dirigido por García Ruiz propone una teoría sobre có mo se convierte un cristal en un agregado de nanocristales, como los que conforman los esqueletos biológicos, aunque aplicada a unos materiales cristalinos inorgánicos denominados biomorfos de sílice, que se componen de los mismos materiales que los biominerales.
Esta hipótesis parte de un fenómeno ya conocido en la cristalografía: cuando un cristal crece en presencia de impurezas, las atrapa y se rompe formando ramificaciones, hasta que, en un momento dado, el crecimiento se detiene. "Nuestra propuesta es que si el contenido de impurezas se mantiene o crece durante este proceso, el cristal se fracciona dando lugar a millones de nanocristales que terminan cubiertos por polímeros, sílice en este caso, originando estructuras sinuosas". En la creación de los esqueletos (interno, como en los mamíferos; externo, como en los crustáceos) sucedería lo mismo, aunque sustituyendo el sílice por polímeros biológicos como las proteínas, aunque esta hipótesis está aún por demostrar.
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