El perfil de los genes que componen el sistema de defensas inmunológicas de cada individuo suele mantener ciertas coincidencias con el del resto de la población del área geográfica donde vive, pero difiere de un continente a otro, o entre puntos distantes del planeta.
Esa diferencia explicaría porqué la infección del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida, no evoluciona de la misma forma en los diversos colectivos humanos, y porqué no es exactamente igual de agresivo en África que en Japón, Australia o Europa.
Hasta ahora se consideraba que el principal freno para dar con esa vacuna radicaba en la existencia de diversos subtipos del VIH que predominan en diferentes regiones de los cinco continentes. Una decena de variantes de distinta agresividad.
A esta hipótesis, que ya situaba muy alto el listón de la obtención del preventivo, se añade la conclusión del citado estudio, que publica la revista científica Nature, en el que han participado 2.800 infectados por el VIH de los cinco continentes, y que han realizado 40 investigadores, coordinados desde la Universidad de Oxford (Reino Unido). La investigación llega a la conclusión de que serán necesarias tantas vacunas antisida como colectivos con un similar sistema de defensas inmunológicas existen --lo que se conoce como HLA histocompatible--, ya que ese perfil genético determina la fuerza con que cada individuo afronta la infección del VIH.
Los investigadores han analizado la estructura genética de VIH procedentes de Reino Unido, Suráfrica, Botswana, Australia, Canadá y Japón, y han comparado la evolución del virus en función del HLA de sus diferentes poblaciones. Lo que harán necesario el desarrollo de vacunas específicas para cada región. El tercer factor que complica la obtención de una vacuna es la enorme capacidad de mutación constante que el VIH pone en marcha.
Noticia publicada en El Periódico de Aragón (España)