Provoca la producción de componentes pro-inflamatorios en las áreas del cerebro que rodeaban la localización del ictus, lo que podría explicar las mayores tasas de muerte y el daño cerebral.
El aislamiento social podría aumentar la probabilidad de una persona de morir después de sufrir un ictus, según un estudio de la Universidad del Estado de Ohio en Columbus (Estados Unidos) que se publica en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Los investigadores, dirigidos por Courtney DeVries, descubrieron que individuos macho de un modelo experimental, que viven en aislados, tenían tasas de supervivencia menores y experimentaban mayor lesión cerebral tras un ictus que aquellos que vivían acompañados por una hembra.
Los autores muestran que sólo el 40 por ciento de los sujetos aislados socialmente sobrevivieron siete días después de un ictus inducido quirúrgicamente mientras que todos los que vivían en parejas sobrevivieron al ictus.
Los científicos descubrieron que los machos aislados tenían niveles más altos de varios componentes pro-inflamatorios en las áreas del cerebro que rodeaban la localización del ictus, lo que podría explicar las mayores tasas de muerte y el daño cerebral.
El tratamiento de los individuos aislados con un anticuerpo para bloquear los efectos de uno de estos componentes pro-inflamatorios eliminó las diferencias en la gravedad del ictus.
Según los autores, estos resultados indican que el aislamiento social puede alterar los resultados de un ictus al aumentar la respuesta inflamatoria ante el tejido cerebral dañado.
Noticia publicada en AZ Prensa (España)